A modo de introducción

La implementación de las TICs en la educación es un fenómeno que se ha disparado en los últimos diez años – ya es habitual que una escuela o universidad disponga de herramientas de software digital en sus aulas. Nadie pone en duda que se trata de una tendencia en alza, ¿pero realmente se están utilizando de forma adecuada y aprovechando todo su potencial?

Su carácter innovador y tecnológico puede suponer un freno para muchos docentes que, por diferentes motivos o circunstancias, no tienen la formación necesaria para aplicarlas en clase, lo que acaba causando un efecto contraproducente en el aprendizaje de los estudiantes.
Las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) hoy en día se han convertido en una estrategia didáctica muy motivadora para los estudiantes en el proceso de enseñanza, buscando así mejorar su rendimiento académico. Pero no se puede dejar de lado que éstas no garantizan necesariamente aprendizajes comprensivos por parte de los estudiantes (Mugliaroli, Schelegueda, von Staszewski, 2014), deben ser reconocidas como ayudas didácticas empleadas como un medio de apoyo por el docente para facilitar el aprendizaje.
Es importante la intervención del docente en diferentes momentos, que permita aclarar el contenido en ellas abordado, así como tener claro, la forma cómo se va a realizar la evaluación de dicho tema.
Ante el uso de las TIC en el aula de clase existen diferentes interrogantes, como ¿qué beneficios tiene su uso?, ¿cuáles son las implicaciones que trae para el proceso de enseñanza?, ¿qué exige para el docente el poder realizar su diseño, uso y aplicabilidad?, ¿garantizan la comprensión y el aprendizaje en el estudiante?, ¿son cambios que debo realizar en la metodología que empleo en el aula de clase?, ¿si no las aplico, seré un docente que va contra la moda de los avances tecnológicos?, todas y cada una de estas preguntas son guiadas por los procesos de innovación que se enuncian en el sistema educativo, y que muchas veces buscan “mejorar la calidad del proceso de enseñanza”, como lo manifiesta Bartolomé (2004), lo que realmente debe interesarle al docente, es que se cumplan los objetivos de enseñanza, que el estudiante asuma un papel activo en el aprendizaje, que tenga claro qué está aprendiendo, para qué lo está aprendiendo y, sobretodo, por qué es importante eso que está aprendiendo en su vida


Bartolomé, A. (2004). Blended learning. Conceptos básicos. Revista Pixel.23. Recuperado de: http://www.sav.us.es/pixelbit/pixelbit/articulos/n23/n23art/art2301.htm